El presente escrito tiene el propósito esencial de motivar a la reflexión y análisis de la práctica docente frente a los procesos de evaluación que seguimos en las instituciones educativas para con nuestros estudiantes y los procedimientos que nos han marcado en nuestra profesión frente a la auto evaluación de nuestra tarea educativa.

Para lograr este propósito se enfocan algunos elementos conceptuales importantes de la evaluación concibiéndolo como un proceso continuo del proceso enseñanza- aprendizaje; terminando el ensayo con una propuesta reflexiva y evaluación de la práctica docente basado en la pedagogía conceptual.

LA EVALUACIÓN

La evaluación es un elemento esencial del proceso de enseñanza-aprendizaje que debe aplicarse tanto al aprendizaje de los alumnos como a la revisión de la práctica docente. El término evaluación ha sido enfocado y analizado desde diferentes puntos de vista y enfoques, uno de ellos es el citado por (Gutiérrez Cerda, 2000) quien plantea que:

· La evaluación es la acción de juzgar o inferir juicios sobre cierta información recogida directa o indirectamente de a realidad evaluada, atribuir o negar calidades y cualidades al objeto evaluado o, simplemente, medir la eficacia de un método o los resultados de una actividad

· La evaluación más que un instrumento de medición para calificar, es un medio que nos permite corregir algunas fallas y procedimientos docentes, retroalimenta los mecanismos del aprendizaje.

· La evaluación permite planear nuevas experiencias de aprendizaje, así como mantiene consciente al alumno de su grado, avance, o nivel de logro, refuerza oportunamente al alumno en áreas de estudio o aprendizaje que se perciban como insuficientes.

· La evaluación le permite al docente planear nuevas experiencias de aprendizaje para el logro de los objetivos; así como revisar su desempeño docente e implementar las medidas correctoras inmediatamente.

La evaluación se concibe como un proceso continuo, complejo y global que nos permite recoger sistemáticamente información relevante, tanto de los resultados y logros en el aprendizaje de los alumnos como de la intervención docente en el proceso educativo, con el objeto de reajustar la intervención educativa de acuerdo con los aprendizajes reales y necesidades del alumnado y no simplemente adjudicar un número o nota; a la vez permite identificar las competencias y la práctica docente la cual requerirá de modificaciones y/o adecuaciones según el caso; por lo tanto la evaluación no es un fin en si mismo, sino apenas un instrumento, medio o herramienta para mejorar el trabajo y los resultados.

La evaluación y auto evaluación docente debe necesariamente cumplir con determinados propósitos:

· Ayudar a los maestros a encontrar vías que desarrollen sus destrezas profesionales.

· Ayudar a la planificación del perfeccionamiento y desarrollo profesional individual y colectivamente.

· Identificar el potencial del maestro para el desarrollo profesional con la intención de ayudarles a través de la educación en servicio y orientación adecuada entre otras.

Vista así, la evaluación debe realizarse en todo momento, antes, durante y después del acto educativo; y ésta debe estar en concordancia con el plan o proyecto curricular, los objetivos, contenidos y perfil educativo o de formación.

También es importante tener claridad de las funciones de la evaluación tanto para el alumno, como para el docente e institución educativa;

· Al alumno le permite identificar su nivel de logros y debilidades.

· Al maestro le permite reflexionar sobre su desempeño y

· A las instituciones educativas les permite ver su funcionalidad, organización y permite la acreditación y certificación institucional

Actualmente se han producido transformaciones importantes y significativas en la educación y con ello se han implementado una serie de reformas para las cuales no estamos preparados como personal docente, ni tampoco lo están las instituciones educativas; prueba de ello es que no se siguen parámetros de evaluación propios, sino que se recae en la copia y en el tradicionalismo, esto ha acarreado un gran brecha entre la educación y el avance social, donde la educación (comprendida como la participación de toda una comunidad educativa que integra a instituciones, directivos, docentes y estudiantes) esta quedando cada vez mas atrás.

Pero independientemente de los cambios y exigencias que se han producido, es importante rescatar y motivar al cambio urgente de los docentes ya sea a nivel actitudinal y conceptual de la evaluación, como también en la forma de percibir y entender las relaciones entre el sujeto y objeto de la educación, y los fines de la misma, de tal forma que permitan transformar la escuela, la enseñanza y el aprendizaje y por ende la humanidad y la sociedad en general.

Dentro de este conjunto de reformas y cambios, la más polémica y controversial se relaciona con el proceso evaluación, más aún si se trata de la evaluación de la práctica docente. Generalmente sólo medimos el rendimiento de los estudiantes y hacemos juicios a priori, "los estudiantes son malos", "los alumnos no estudian" y otros, sin detenernos a pensar, criticar, reflexionar y analizar que el desempeño docente influye de alguna forma en ese rendimiento estudiantil. Por lo tanto, considero necesario motivar a los y las colegas de la docencia a crear una cultura de autoevaluación de la práctica docente, contribuyendo así a mejorar los procesos educativos, y la práctica misma.

A partir de ello, se genera un proceso de auto evaluación; de tal forma que este proceso de reflexión y autocrítica constante se convierta en la mejor vía de formación permanente y perfeccionamiento docente, especialmente cuando se hace con rigor e instrumentos válidos que permitan valorar en realidad la práctica y con ello implementar medidas correctivas que ayuden a un desarrollo pleno de la docencia.

Con este ensayo pretendo compartir una escala de valoración de la práctica docente, que comprende los tres momentos de la tarea educativa: el momento previo, durante y posterior a la tarea, lo que permitirá hacer un alto en el camino, para detenernos a analizar y autocriticar la práctica docente que realizamos, de tal forma que al aplicarla y a partir de los resultados del autoanálisis, el docente identifique potencialidades y problemas en su ejercicio y práctica docente con el objetivo de determinar necesidades de capacitación, perfeccionamiento, o de actualización y en ese sentido hacer un plan individual y personal que permita mejorar la práctica y el proceso de enseñanza- aprendizaje a corto, mediano y largo plazo.

Por lo tanto esta propuesta de guía de evaluación de la práctica docente, está planteada para valorar todos los momentos del quehacer docente, haciendo énfasis en la fase de preparación, ejecución y/o desarrollo y evaluación del hecho pedagógico, basado en la Pedagogía Conceptual que nos presenta La Fipc. Alberto Merani.

La fase afectiva que presenta los diferentes postulados temáticos de tal forma que los educandos se motiven, logrando cautivar su atención e interés a la clase y se generen retos alcanzables y por lo tanto verdaderamente evaluables.

La fase cognitiva de preparación de la actividad docente previa al contacto con los alumnos obliga a tomar decisiones respecto de cada uno de los apartados que debe tener una programación de aula: los objetivos didácticos de las áreas que vamos a trabajar, los contenidos, las actividades que consideramos más adecuadas para conseguir los objetivos propuestos, las estrategias y los recursos suficientes y variados que resulten más congruentes con los objetivos y con la realidad concreta de los alumnos a quienes van dirigidos.

Por ultimo la fase expresiva que también resulta imprescindible, al concretar los criterios, procedimientos, instrumentos y técnicas que se seguirán mediante el algoritmo, la modelación, la simulación y la ejercitación, en las cuales la evaluación se hace presente continuamente, convirtiéndose en un instrumento para comprobar que los alumnos realmente van aprendiendo significativamente, a la vez que desarrollan las habilidades y capacidades correspondientes a su etapa educativa. Además, que nos permite como docentes auto evaluarnos continuamente y replantear el algoritmo si es necesario para brindar oportunidades mas eficaces para que lo estudiantes logren aquellos objetivos o indicadores de desempeño propuestos para el núcleo temático.

Resulta esencial en esta fase de preparación de las clases, tener muy presentes tanto los Objetivos Generales del curriculum como los de las diferentes áreas, especialmente cuando seleccionamos los objetivos didácticos. Las decisiones que cada uno de nosotros toma al preparar sus clases deben tener como referencia el Proyecto Curricular de y/o la programación didáctica del área correspondiente